La primera vez que Ian Anderson, el director una de la revista de músicas del mundo más influyente del planeta (fRoots), le vio sobre un escenario, no pudo sino escribir: “Éste es el hombre para el que el viejo tópico de los dedos que se mueven a la velocidad de la luz debió haberse inventado”. Integrante de una familia de trece hermanos, comenzó a trastear con el acordeón a los seis años y su pasión fue tal que su padre, temeroso de que no prestara atención a la escuela, le estampó contra el suelo su “juguete”. Dio igual: hoy es el genio indiscutible del acordeón malgache, un hombre que ha colaborado con la banda corsa I Muvrini, con Manu Dibango o Ray Lema. Cuando viajó a París para recibir clases de Richard Galliano, éste le escuchó y exclamó: “¡Imposible! Manténte fiel a tus raíces, porque tu talento es único”. Textos: Nano Amenedo